Fabio Capello pidió cincuenta días para enderezar el rumbo de un Real Madrid que acumula tres temporadas de travesía por el desierto. Pues bien, ya ha consumido veinte y el equipo continúa atrapado en la espiral de la mediocridad y del derrotismo. El termómetro de la Liga de Campeones y el repaso del Olympique de Lyon han venido a confirmar, como ya sucediese con Camacho y Luxemburgo en el banquillo, que el Real Madrid sigue con fiebre. Y quizás, alta.
En el primer envite serio el equipo quedó maltrecho y la contundente derrota reabre el debate de las dudas. De nuevo la palabra crisis vuelve a sobrevolar de manera tímida sobre la zona noble de la casa blanca cuando no se ha consumido un mes de competición. Y todos miran hacia Valdebebas, donde el entrenador y los jugadores han dejado al aire las primeras fisuras.
En el vestuario de Lyon, con las pulsaciones en cotas altas, Fabio Capello, cual centurión, tiró del látigo dialéctico para repartir azotes a raíz de un comentario de un jugador para justificar una acción del encuentro. El aguijonazo fue interpretado por un sector de la plantilla como una salida de tono innecesaria, porque todos tenían parte de culpa en la derrota.Fabio ha impuesto un estilo y unas normas que no casan excesivamente con los privilegios del vestuario. Es más, un grupo de jugadores tacha al técnico de dividir con su política a la hora de confeccionar la plantilla. Sus flirteos se han encargado de dinamitar la confianza en varios futbolistas.
En la pretemporada, a Cicinho le descartó para jugar de lateral porque no defiende y en Lyon le entregó el «papelón»; a Míchel le «amagó» con fichar un central para que Sergio Ramos jugase de lateral; a Pavón sólo le lleva convocado para que conozca los palcos de los campos; a Helguera, de acuerdo con el club, lo ha defenestrado; Robinho y Guti siguen con el cartel de suplente pese a que el equipo no da buenas señales...
También ha puesto a los pies de los caballos a Casillas. El club filtró la idea del técnico de buscar una alternativa en la portería -«tengo dos buenos porteros. Hay que probar a los dos», dijo a ABC-. Y vigila de cerca a Ronaldo entre bastidores. No ha llegado el otoño y ya hay grietas en la casa blanca.